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Yin

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Práctica en Niyat

El Yin empieza donde el movimiento termina. En vez de encadenar posturas, te acomodas en una sola y la sostienes de tres a siete minutos. No haces nada. El tiempo y la gravedad hacen el trabajo.

Más allá del músculo

La mayoría de los estilos trabajan músculo. El Yin va a otra capa: fascia, ligamentos, articulaciones. Esos tejidos no responden al estirón corto, necesitan tiempo y poca intensidad. Por eso las posturas son en el suelo y por eso te quedas quieto. Buscas el punto donde sientes algo pero todavía puedes respirar tranquilo, y ahí te quedas mientras el cuerpo cede.

Yin y yang

El nombre viene del taoísmo. Yang es lo activo y lo que calienta: un flow, un Power Vinyasa. Yin es lo quieto, lo que enfría, lo que suelta. Como práctica, el Yin yoga se armó en Occidente a finales del siglo XX con maestros como Paulie Zink, Paul Grilley y Sarah Powers, que juntaron las posturas con esa idea taoísta del equilibrio.

Cómo se siente

Los primeros minutos cuestan. La mente quiere moverse y aquí no hay a dónde ir. Como a la mitad de la postura algo se afloja, y ya. Usamos cojines y cobijas para que el cuerpo descanse dentro de la forma. Vas a querer salirte antes de tiempo. Quedarte es la práctica.

Qué trabajas

Beneficios

La filosofía

En Yin no se avanza empujando. Lo que se abre, se abre cuando dejas de forzarlo. Es raro al principio, sobre todo si vienes de prácticas donde el progreso se mide en esfuerzo. Después se vuelve la parte de la semana que más se extraña.

¿Para quién es?

Para todos. Sobre todo si vives con prisa, si tu práctica es puro yang y necesita contrapeso, o si necesitas parar. No hace falta flexibilidad ni experiencia. Hace falta aguantarte las ganas de moverte.

Nivel
Todos los niveles
Ritmo
Lento y pasivo
Ideal para
Soltar y restaurar